ESTRELLA ANA MARIA - INDIGO Y CRISTAL
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lunes, 10 de octubre de 2011

Consejo para los padres.-

Consejo para los padres

Madre, acaricie a sus hijos. Padre, abrácelos firmemente. Permita que ellos sepan que los aman por la mañana, al mediodía, y por la noche.


Ponga sus brazos alrededor de ellos, sosténgalos cerca suyo, sienta el latir de sus corazones, la vida nueva que Usted hizo.


Ruede por el suelo con ellos, bromee, ría y juegue, escuche lo que tienen que decirle, ellos tienen mucho para contarle.


Tome tiempo para conocerlos, vea el color en sus ojos. Aprecie a esa persona tan profunda dentro de sus pequeñas mentiras.


Permita que corran sus dedos por sus cabellos, doble su cabeza, llene sus corazones con palabras de alabanza, haga de su hogar su lugar favorito.


Abrácelos estrechamente en el sofá y mire un programa de televisión, cante con ellos o comparta la lectura de un libro y ayúdelos a crecer en su mundo.


Tome un tiempo para caminar en el parque, sosténgale de la mano, huela las flores, alimente los patos, construya castillos en la arena.


Madre, acaricie a sus niños, Padre, abrácelos firmemente, muéstrenles que ellos son un regalo, ámenlos para que se sientan bien.

El amor es para el niño

lo que el sol para las flores.

No le basta pan:

necesita caricias para ser bueno
y para ser fuerte..-TERESA.-ANGELES DE LUZ

Publicado por Estrella Ana Maria en 9:45
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TOMANDO AL TORO POR LAS ASTAS.-

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¿Nueva raza?

Desde que el advenimiento de una nueva raza de seres para la evolución de la humanidad fuera anunciada y pedida, una esperanza de cambio alentó a la gente dedicada al servicio de Luz.
Finalmente, hemos llegado al tiempo en que esos seres han encontrado las condiciones para encarnar y producir el salto de conciencia en la Tierra.

Pero, ¿qué sabemos de ellos? ¿Cómo son? ¿Qué cualidades traen? ¿Qué significa que sean más evolucionados? ¿Son todos iguales? ¿Cómo es la transición que ellos promueven? ¿Cómo les afecta a los que no son Índigo? Tal parece que hay suficientes incógnitas como para no tomar las cosas con ingenuidad, ya que de lo que estamos hablando es de personas que van a modificar substancialmente la vida tal como la conocemos.

Como para entender algo es necesario conocerlo, y es evidente que no sólo no se conoce a los Índigo sino que en muchos casos, ni siquiera se los reconoce, estamos frente a una situación inédita.

No se trata aquí de saber quien es el nuevo vecino, sino de conectarse con familiares, amigos, compañeros de trabajo, inclusive gobernantes, que no son iguales a uno en pensamiento ni sentimiento y cuyas acciones parecen inexplicables. Reconociendo la diferencia se dice que los Índigo traen en su programación genética capacidades intelectuales y físicas que les permiten adaptarse fácilmente a los cambios y regenerar su cuerpo para permanecer saludables.

Son muy creativos y manejan tecnología con gran facilidad. Son altamente sensibles y perceptivos, capaces de desarrollarse bien en entornos afectivos balanceados. Tienen clara conciencia de sí mismos, una poderosa autoestima, capacidad para objetivar los problemas y resolverlos sin caer en estados de culpa, ansiedad o vergüenza.


Reconociendo la diferencia
También se dice que, de verse afectados por un entorno con disfuncionalidad afectiva o una educación limitante, se alteran al punto de enfermarse, encerrarse en sí mismos o volverse rebeldes incontrolables, que sólo pueden ser tratados con psicofármacos.

La pregunta sería aquí ¿por qué ocurren estas alteraciones? Independientemente del medio en el cual el Índigo nace y crece, qué le daría mejores o peores condiciones para su desarrollo, se supone que está capacitado para lidiar con energías disarmónicas.

Todo Índigo sabe que vino a este planeta –que no es un lugar de vacaciones– con la tarea de modificar lo que está decididamente mal. Lo sabe desde sí, porque generalmente recuerda quién es él, y lo sabe porque hay una condición planetaria y colectiva que da lugar a su llegada a esta encarnación. Entonces, ¿por qué encuentra tantas dificultades para expresar su personalidad?


Mirando las diferencias tal vez una aproximación a las respuestas sea un dato sobre la condición Índigo poco conocido. La raza Índigo ya “es” evolucionada porque proviene de una dimensión donde la experiencia de la polarización en la dualidad es menos intensa. Los Índigo son un colectivo, que tiene conciencia de estar unido al resto de su gente, produciendo una sinergia que permite tener la experiencia individual a disposición de todos.
Cada individuo sabe que lo mejor para él es lo mejor para todos y todos saben que necesitan que todos sus componentes individuales respondan a un estándar de vivencias adecuadas para que haya estabilidad en el grupo.


Es un principio lógico de equilibrio que los Índigo como raza ya tienen asimilado, por lo que cada persona busca modificar aquello que puede ser perjudicial, para si y para el colectivo, para lograr el alcance de sus máximas expresiones individuales.

Este principio no depende del contacto físico porque el Índigo puede mantenerse conectado mientras se mueve muy lejos de su origen en busca de experiencia. Por sus habilidades telepáticas e intuitivas absorben la información en niveles paranormales y la trasmiten fuera del espacio-tiempo, creando canales de comunicación en diferentes dimensiones.

Todas sus cualidades son el producto del manejo depurado de los chacras superiores. En condiciones favorables pueden expresar amor incondicional y mantener el balance perfecto en el fluir de la energía del Creador. Pero los Índigo tiene una debilidad: no saben integrar eficientemente la energía de los tres chacras inferiores.


Tomando al toro por las astas
Tomando al toro por las astas, la raza Índigo es plenamente consciente de sus limitaciones. Sabe de los riesgos de entrar en una dimensión con grandes fluctuaciones de energía.

Está aquí porque espera estabilizar la energía lo suficiente como para permitir enlazarla con una dimensión superior y establecer un corredor que permita mantenerlas en contacto. En ese aspecto tiene experiencia porque es su forma habitual de expresión.
Eso no quita que por muy buenos navegantes no se encuentren en una situación donde no puedan controlar la nave y terminen estrellándose. De hecho, la mayoría de los Índigo adultos que llegaron antes han explorado la energía de la Tierra y han tenido que adaptarse a una densidad a la que no estaban acostumbrados con la consiguiente disminución y, en algunos casos, pérdida de sus capacidades para actuar permanentemente centrados en su tarea.


No son pocas las personas que han experimentado andar a contramano con la sociedad, la época, las relaciones familiares, preguntándose porqué su vida transcurre en una constante frustración por no ser comprendidos cuando, en su interior, sus vivencias le parecen tan lógicas y naturales.

Para quienes alguna vez hayan tenido la oportunidad de escuchar al Dr. Waldo Vieira describiendo a las personas con “síndrome del extranjero” podrán entender las dificultades de adaptación que puede tener un Índigo.
Para la mayoría de los Índigo es muy difícil transitar por un mundo con grandes desequilibrios económicos, sociales y políticos, sabiendo que estos desequilibrios no son expresión de la energía universal sino distorsiones producidas con un propósito creado intencionalmente.
Frente a esta realidad, un Índigo puede adoptar dos posiciones: convertirse en un reflejo de su entorno, compartiendo conductas y creencias, muchas veces por no sentir un vacío afectivo que lo lastima, o volverse un cínico aprovechando las condiciones de corrupción para mantener su subsistencia.


No es de extrañar entonces que, sin el freno inhibitorio de la culpa o la vergüenza que rige a la sociedad de tercera dimensión, pueda involucrarse en situaciones de degradación física o social, sin ningún remordimiento ni control. Desde esa perspectiva, un “capo” no es más que un cuidadoso responsable por el bienestar de su grupo; un narcotraficante, un eficiente mercader que sólo piensa que “mantener al cliente satisfecho” y un mercenario no es más que un empleado al “mejor precio que se pueda pagar”.

Estas conductas no son más que el reflejo de un grave desajuste del chacra raíz –controlador de la supervivencia–, con el apoyo de la creatividad perversa del chacra sexual y el manejo de poder desmedido del plexo solar.


Sin caer en este extremo, el Índigo sobreadaptado puede terminar sin tener pareja, después de muchos intentos de conciliación, por su aparente “falta de interés” en las relaciones románticas; sin amistades, porque lo consideran demasiado “raro” como para compartir algo con él; sin un trabajo permanente por su incapacidad para permanecer en un mismo sitio y hacer tareas rutinarias; y sin un título académico formal porque su forma de adquirir el conocimiento no encaja en los parámetros tradicionales para evaluar el conocimiento.
El Índigo sabe que por alguna razón es diferente y no reúne los requisitos que la sociedad tiene y se queda en mitad de camino entre la frustración y el desánimo, sin encontrar el lugar y el momento para expresar su verdadera naturaleza.


Reforzando el Talón de Aquiles
Es indudable que hay Índigo exitosos. Si se busca entre los ecologistas, los artistas plásticos y los músicos visionarios, los asistentes sociales, los maestros, los sanadores alternativos, los cineastas y escritores de ficción, y hasta entre los técnicos de computación, los ingenieros y arquitectos; los capaces de crear belleza, de pensar en el futuro y construirlo aunque sea en un rincón del garaje, allí están los que le ganaron la partida a la tercera dimensión. Los que miran a los robots, la inteligencia artificial y la Internet como una parte de sus vidas que les despeja de hacer el trabajo duro y les facilita el contacto con otras personas y la expresión de su creatividad, son los exitosos.

Ellos sostienen la energía para todos, alentando el cambio y recuperando a los que se perdieron por el camino. La cualidad de interconexión que todos tienen surte su efecto, tarde o temprano y los Índigo reciben el llamado en su interior. Lo más importante es advertir que no se está solo, que los obstáculos que pudieron aparecer e interrumpir el propósito de vida pueden ser despejados.
Y que los que vienen detrás (ahora niños o adolescentes sometidos a condiciones peores) necesitan de la experiencia y el apoyo de los adultos para continuar el proceso de ascensión de la Tierra.


Pretender que por sí mismos puedan sobrellevar las dificultades actuales, un mundo lleno de experiencias negativas, puede ser una creencia omnipotente.
Un niño Índigo negado de sí y sin experiencia espiritual no va a ir mucho más lejos que cualquier persona sin experiencia espiritual.
Puesto a vivir en la pobreza, peleando por un lugar en la calle, sin educación y sin proyecto de una vida mejor, puede convertirse en un delincuente muy creativo. Expuesto a una vida consumista, sin valores éticos, puede conducirlo a la autodestrucción por adicciones. Un Índigo no valorado también puede ser un fracasado autosuficiente.



Creando la Red
La primera tarea que un Índigo activo tendría que emprender es reconectarse con los demás Índigo. En esa conexión reside la posibilidad de saber cómo enfrentar las debilidades circunstanciales y recuperar su potencial.
Saber qué les pasa a otros Índigo y buscar respuestas entre todos facilita la tarea y acelera la sanación. Lo siguiente sería crear lugares físicos de reunión o convivencia.
Cierto es que existen “comunidades virtuales” creadoras de Luz, pero para materializar en la Tierra las cualidades de la abundancia permanente y la creación divina, todavía falta construir las comunidades concretas.


Si esperamos vivir en una Tierra sin polución, aprovechando la energía alternativa, con personas sanas y educadas, capaces de realizar sus talentos en su máxima expresión hay que hacer algo que en la Tierra cuesta: poner el cuerpo.
Esto debe sonar bien claro para los Índigo porque, a diferencia de lo que se piensa –que son emocionales – son mentales.
En el mundo Índigo se mueve poca energía física y mucha energía mental con el resultado paradójico de que con poca energía mental, se construyen muchas cosas físicas.
Poner el cuerpo, arremangarse y trabajar, suele ser un esfuerzo más que considerable.
Por consiguiente existe el desafío de vencer la inercia de la materia y hacer “magia” o ponerse pala en mano a cavar. Ambas son válidas, aunque sea preferible llegar rápido a la “magia”, como para no cansarse. Constituyendo un grupo, la energía se condensa con mayor rapidez y no va a tardar mucho en materializar espacios físicos de aprendizaje, recuperación y esparcimiento, acordes con la mentalidad de los Índigo.


Es importante que los Índigo no se vean sólo como casos de psiquiatría o como los sabios “elegidos” para salvar al planeta porque ninguna de las dos cosas es cierta. Un Índigo tiene necesidades diferentes porque piensa y siente diferente, pero no es más que el reflejo de lo que la sociedad de la Tierra va a ser en un futuro cercano.
Sus expresiones adecuadas pueden conducir a una vida realizada para todos, pero sus actos de rebelión pueden agregar mucha más leña al fuego de lo que ya existe. Nadie es tan tonto como para no distinguir entre lo bueno y lo malo que el mundo actual ofrece, por lo tanto, más allá del miedo que el cambio produce en las personas, el mundo de los Índigo es un lugar de gracia y equilibrio, si los Índigo están en gracia y equilibrio..-ISSA.-ANGELES DE LUZ
Publicado por Estrella Ana Maria en 9:31
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DEFINICIÓN DE "LO ÍNDIGO" EL PERÍODO AZUL.-

Desde hace más de una década, se escucha por parte de adultos que frecuentan círculos espirituales o adhieren a la perspectiva de un plan evolutivo, observaciones con relación a nuevos niños, diferentes, más evolucionados.

Los comentarios acerca de bebés y niños recién llegados a la vida con una luminosidad distinta en los ojos que, a medida que crecen, mues­tran facultades ampliadas para adaptarse rápidamente al vértigo de la tecnología, se multiplican en forma geométrica.

Casi todos los adultos de hoy conocen, saben de, o han escuchado hablar a alguien que tiene un hijo con características sorprendentes; que incorpora conocimientos en forma instantánea, que anticipa episo­dios por venir, que parece comunicarse con un código implícito, in­sondable, trascendiendo los lenguajes infantiles habituales.

Si bien todavía no puede hablarse de un fenómeno masivo, la canti­dad de casos aislados -pero con características similares- que se pre­sentan en distintos puntos del planeta, indican una constancia: lo que parece extraordinario en algunos niños tiende a tornarse natural en la mayoría.

No sólo muchos padres lo han advertido: también maestros y pedia­tras perciben que las nuevas generaciones "vienen con algo distinto"; más preparadas para el particular tiempo que les toca, con cierto conocimiento de otras realidades, con una mentalidad más elástica y una re­veladora capacidad de interactuar mediante nuevas pautas ante el mun­do y sus semejantes.

Quien planteó por primera vez la calificación índigo aplicada a un grupo de niños fue Nancy Ann Tappe -parapsicóloga, conferencista e investigadora en esa materia- en su libro “Understanding Your Life Through Color” (Comprendiendo tu vida a través del color), publicado en los Estados Unidos en 1982.

Tappe explica que los seres humanos irradiamos "capas áuricas" con determinados colores. Y que sólo algunas personas podrían ver dichas auras; no obstante, en esas capas, según los colores en juego, se defini­rían rasgos de personalidad y otros aspectos inherentes al individuo.

La autora identificó las características de los grupos por colores y luego las desarrolló. De una manera análoga a la astrología, que clasi­fica rasgos de personalidad o tendencia en grupos de acuerdo con nuestra ubicación cósmica al momento de nacer, también en el color de las auras estarían inscriptos, desde los primeros instantes de nues­tras vidas, ciertos rasgos similares que son muy notorios cuando sabe­mos cómo buscarlos. Ella misma declara haber visto las auras de los ni­ños en esa intensidad cromática, cuya definición en el diccionario ron­da el "añil, colorante natural azul oscuro obtenido de varias plantas del género Indigófera".

Sin embargo, el color índigo es sólo una de las características de es­tos niños a quienes se les han asignado diversas maneras de identifica­ción o denominaciones: Niños estelares, Niños especiales, Niños de luz, Niños de la Nueva Era, Nuevos niños, Niños mágicos, Niños nazarenos o acuarianos, Dark blue children, Millenium children, entre otras.

La aparición de esta "nueva generación" comenzó a ser registrada por distintos observadores desde 1970. A partir de la década de los no­venta se han incrementado testimonios acerca de la presencia de niños índigo en todo el mundo. Según estimaciones de esos mismos observa­ dores, el 80% de los niños actuales cobijaría las capacidades asignadas a un niño índigo, aunque en muchos casos, en forma latente.

En ese contexto, los investigadores recomiendan a padres y educa­dores proponerse una nueva mirada. La amplitud y comprensión nece­sarias para reconocer a nuevos niños que traen cualidades tan particu­lares al mundo, finalmente abarca mucho más que a un grupo determi­nado. Los atributos que llegan con ellos inciden en la humanidad en su conjunto, impulsando una evolución de la especie, una apertura a lo es­piritual, una reformulación global de los valores, en la medida en que ellos son los adultos del futuro.

Las voces que sostienen y divulgan su presencia, aseguran, en el marco de la idea de la reencarnación, que estos nuevos niños no aca­rrean aprendizajes pendientes o residuales de vidas anteriores y que al­gunos vendrán sin ningún karma.

El investigador norteamericano Lee Carroll, autor del libro Índi­go Children (no traducido aún al español) es el primero en desarro­llar, partiendo del aura y adentrándose luego en otros territorios, la caracterología de los niños índigo. Carroll destaca en ellos un "ele­vado coeficiente intelectual" -a partir de los tests por él realiza­dos- combinado con una "enorme capacidad creativa", teóricamen­te respaldada, a su vez, por una mayor utilización del hemisferio de­recho del cerebro.

Paralelamente, la especialista norteamericana en temas espirituales, Jan Tober -coautora del libro de Carroll- agrega que poseen conoci­mientos sorprendentes, saberes que podrían parecer descabellados fren­te a nuestro sistema de pensamiento y paradigmas dominantes, propios de personas nacidas en décadas anteriores.

"A la mayoría les encanta manejar computadoras, apren­den a usarlas sin ayuda, resolviendo incluso, si se les per­mite, los inconvenientes operativos con que muchas veces tropezamos los adultos", asegura Tober.

El siguiente testimonio ejemplifica la estrategia mental de un niño índigo: en clase de matemáticas la maestra escribe los números 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, en la pizarra y pregunta: ¿cuál de esos números es di­visible por dos? La respuesta del niño en cuestión es todos.

Este episodio real -que el cine expuso en la película Mentes que bri­llan, dirigida por Jodie Foster- da la pauta de cómo encaran ellos el conocimiento: desde una perspectiva libre de ataduras metódicas, de pasos intermedios o redundancia logística.

Otras características que definen a los niños índigo según los rele­vamientos existentes:

• Abordan los procesos ejecutivos de la tecnología y el pensamiento en general con destreza intuitiva: van a lo esencial.

• Tienen una gran energía y son incansables (algunos duermen muy pocas horas) procurándose tiempo extra para incorporar conocimien­tos, según aseguran quienes los tratan con frecuencia.

• Se muestran comprensivos cuando reciben explicaciones y se re­belan ante el simple autoritarismo proveniente de sus padres, de sus educadores o de la sociedad en general.

• Rechazan la carne de cualquier animal y los alimentos excesiva­mente elaborados.

• Comprenden más rápidamente que otros niños de su edad las trampas del consumismo y de las modas.

Frecuentemente se diagnostica a los niños índigo como hiperactivos. Aunque institucionalmente ni la medicina ni la psicología se han pro­puesto decodificar los indicios en forma manifiesta y sistemática, exis­ten, sí, diagnósticos realizados por parte de la psiquiatría común, que parecen guardar una íntima relación con las aptitudes atribuidas a los niños índigo.

Así, al hablar de niños especiales, hiperactivos, con particularidades como las que venimos comentando, surgen en el panorama psiquiátri­co, dos siglas: ADD (Attention Déficit Desorder) o trastorno de defi­ciencia de atención y ADHD (Attention Déficit Hyperactive Disorder) o trastorno de deficiencia de atención con hiperactividad.

ADD y ADHD suelen acompañar el desarrollo evolutivo de los niños índigo, ocasionándoles dificultades, particularmente en el ámbito esco­lar formal, donde impera la linealidad metodológica (regla de oro para el actual modelo educativo) que a ellos tanto les cuesta seguir.

Lo cierto es que, aun en el marco de este síndrome, los niños índigo sí prestan atención, pero sólo a aquello que les interesa, a partir de lo cual son capaces de saltearse instancias metodológicas convencionales y profundizar con agilidad autodidacta. Así, cuando una motivación los impulsa, es frecuente que tomen sólo una parte del problema y lleguen a resolverlo con la plenitud orgánica de un todo, alcanzando en sus conclusiones notables grados de sutileza y claridad.

La conciencia cósmica, la telepatía, la capacidad de sanación, la in­quietud por trascender el plano netamente denso o material de la exis­tencia, son dones que habitualmente operan a la par de sus abordajes mentales frente a distintos temas.

Grupos de científicos, terapeutas, médicos, biólogos y escritores se interesan cada día más en la cuestión de los niños índigo. Gente que vocacionalmente inclina su lupa hacia los fenómenos inexplicados en los canales y métodos habituales, repara expectante sobre el potencial cambio evolutivo disparado por los "nuevos niños" en particular.

A los testimonios personales y observaciones de orden psíquico se sumaron elementos de análisis surgidos en el campo de la investigación genética, más precisamente con relación al ADN*. Esto trascendió, in­cluso, el interés de padres y educadores, generando una comunidad de observadores que se incrementa día a día, según comprobamos en pu­blicaciones especializadas, foros de discusión en la web e intercambio de información entre particulares de distintas partes del mundo.

Sin embargo, y afortunadamente, el fenómeno aún no ha sido des­cubierto ni explotado por los medios de comunicación masivos, ávidos de audiencia a cualquier costo.

Tal situación propicia una búsqueda con ventajas y dificultades: por un lado estamos ante la posibilidad de transitar un camino poco conta­minado por excesos especulativos, propios del sensacionalismo. Por otra parte, podría decirse que "la verdad cuida a la verdad": en el pro­pio fenómeno de los niños índigo subyace un aporte humanístico que desarticula el lenguaje mediático por excelencia, ligado a la magia efec­tista, a la prestidigitación, al truco más que a la reflexión profunda acer­ca de nuestra evolución como especie.

En cuanto a las dificultades, comprobé que no eran demasiadas las fuentes fidedignas en un principio; fue necesario rastrear mucho para acceder a información genuina, con autores identificables.

Como suele suceder en una investigación adaptada a estos tiempos, la dirección inicial que tomé en mi pesquisa transitó los canales de la World Wide Web. Internet mediante, el primer indicio proviene del dia­rio chileno La Estrella que en su versión digital del 10 de noviembre de 2001 ponía en pantalla un artículo titulado "Los niños índigo: Una nue­va raza viene a salvar el mundo" firmado por Angélica Meneses. A con­tinuación, reproduzco algunos de los tramos de ese texto, verificables en versión completa por la página web del periódico en cuestión:

No son extraterrestres ni mutantes que pueden deshacer metales o atravesar paredes: son nuestros hijos, los pequeños de hoy, na­cidos con una mejor dotación genética y, sobre todo, con bellas cualidades psicológicas, emocionales e intelectuales.

Una expresión muy escuchada en la actualidad es que "los niños de hoy nacen sabiendo". Abuelos sorprendidos de nietos que re­cién caminan, pero que operan a la perfección el equipo de vi­deo y hasta el computador; mamás asombradas de las respues­tas de sus hijos, que apenas balbuceando dejan frases para el bronce, y educadoras en los jardines infantiles que deben res­ponder a las preguntas más insólitas, no son fenómenos aislados. Aunque usted no lo crea, esto tiene una razón científica: una nue­va raza está llegando al mundo, una evolución de la humanidad seguramente destinada a mejorar las condiciones de nuestra so­ciedad. Son los llamados "niños índigo".

Pero, ¿quiénes son estos nuevos niños? ¿Cómo reconocerlos? Y más delicado aún, ¿cómo tratarlos, cómo educarlos para que sean los hombres índigo que mañana manejarán el mundo? Co­mencemos por definirlos: se los llama índigo por el color de su aura, que es azul. El aura es el campo energético que rodea a cada persona, y hay individuos hipersensitivos que pueden ver­la. También se puede captar en fotografías especiales. El aura re­gistra las bondades y maldades de cada uno, sus miedos y an­gustias, sus características emocionales. Y en estos niños, coinci­de en un marcado color azul.

Dado que no es posible para todos ver el aura, ¿qué otras formas hay de reconocer a un niño índigo? Hay un modo científico, que de paso prueba que esto no es una teoría de esotéricos y metafísi­cos, sino una realidad probada empíricamente: el ADN. Los niños índigo tienen un potencial de cambio, explicado por la doctora ve­nezolana María Dolores Paoli, especialista en Psicoespiritualidad (un nuevo concepto referido a la psicología transpersonal, donde se unen el conocimiento del Ego con el conocimiento del alma) quien afirma que el cambio que aportan estos chicos se manifiesta en la activación de cuatro códigos más en el ADN. Según investi­gaciones realizadas en la U.C.L.A de Estados Unidos de Nortea­mérica, estos niños serían, incluso, inmunes al Cáncer y al Sida.

Los índigo tienen la capacidad de escuchar todo tipo de sonidos, in­cluso su propio fluido sanguíneo, y tienen una fuerte sensibilidad tác­til. También hay algunos rasgos físicos, aunque no se dan en todos los casos: son de ojos grandes, delgados, comen poco, son zurdos o am­bidiestros y pueden presentar ligeramente abultado el lóbulo frontal. No son un fenómeno exclusivo de nuestra época. Los ha habido anteriormente, sólo que en forma aislada: la gran diferencia con nuestros días es que los índigo son ahora muy numerosos. Algu­nos famosos personajes fueron niños índigo. A todos ellos se los calificó como rebeldes, hiperactivos, desordenados y hasta ma­los alumnos. Lo que pasaba era que estaban pensando en otra cosa. Entre otros nombres, podemos citar a Newton, Luis Pasteur, Leonardo Da Vinci, Galileo, Charlie Chaplin, John Lennon, Vin­cent Van Gogh, John D. Rockefeller, Ludwig van Beethoven, Pa­blo Picasso, Wolfgang Amadeus Mozart, Steven Spielberg, John Fitzgerald Kennedy y Benjamin Franklin.

Según María Dolores Paoli, en 1999 estos nuevos niños ya re­presentaban el 80% de la población infantil del mundo, de diez años hacia abajo. Es decir, no son nada escasos, de modo que es muy posible que todos conozcamos más de alguno, o incluso tengamos uno en casa.

Por mi parte, nunca había escuchado hablar de Psicoespiritualidad, y la posible inmunidad ante el cáncer o el SIDA me sonó arriesgada. Pe­ro, a la luz del comienzo de esta investigación, y, ante la lectura de se­mejantes afirmaciones, decidí profundizar en la búsqueda de testimo­nios que, a partir de ahora, debería incluir, además, varias campanas de opinión provenientes del ámbito científico. Ya, con menos asombro, ciertos pasajes del texto me hicieron recordar algunas historias cada día más frecuentes y cercanas acerca de niños que anticipan acontecimien­tos, que escuchan a la distancia, que escriben con ambas manos desde muy corta edad, que interpretan y dominaban el lenguaje de las com­putadoras aún antes que sus hermanos mayores. Paralelamente, se ha­ce imprescindible, de acuerdo con esta instancia, tomar contacto con el tema de las auras, ya que es a partir de ellas que los niños índigo son identificados con ese color.

Gabriel Sánchez.-iSSA.-ANGELES DE LUZ
Publicado por Estrella Ana Maria en 9:24
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miércoles, 5 de octubre de 2011

Acerca De La Depresión Infantil.-

http://www.harrycutting.com/graphics/photos/children/depressed-sad-child-J163-24-11LG.jpg


Acerca De La Depresión Infantil


La depresión que antes solo se diagnosticaba en personas adultas, está cada día haciendo sufrir también a los niños. Ya no son sólo los adultos los que se deprimen. La depresión infantil, según Cynthia Callahan, gerente de una clínica de orientación infantil, en Madera, puede surgir a causa de "cambios importantes y estrés”, como resultado de la pérdida de los padres, un divorcio, o problemas familiares, etc.

Aproximadamente el 5 por ciento de los niños de la población general padece de depresión en algún momento. Los niños que viven con mucha tensión, que han experimentado una pérdida o que tienen desórdenes de la atención o de la conducta, o discapacidades en el aprendizaje, o aún problemas de salud mental, corren mayor riesgo de sufrir depresión.

¿Mí hijo tiene depresión?
Seguro que en algún momento de la infancia de su hijo, alguna madre se ha preguntado eso. Lo primero que hay que decir es que cada niño es único en su forma de ser. Hay que conocer muy bien al niño y saber lo que es realmente normal en su comportamiento.

No hay que apresurarse a sacar conclusiones. Padres y profesores han de estar atentos cuando algún niño presente alguna de las siguientes características
está continuamente triste, llorando con más facilidad
pierde el interés por los juegos preferidos y por la escuela
se aleja de sus amigos y de la familia
presenta una comunicación pobre
se aburre y se cansa con facilidad
presenta menos energía o concentración
se queda irritable o demasiado sensible frente a pequeñas frustraciones, montando rabietas o berrinches con más facilidad.
se le nota extremamente sensible hacia el rechazo y el fracaso
expresa baja autoestima, depreciándose a ellos mismos
elige “finales tristes” para sus cuentos y representaciones
se comporta de una manera agresiva
se queja constantemente de dolores tales como de cabeza o de estómago
duerme demasiado o muy poco
come demasiado o muy poco
sufre una regresión, hablando como un bebé u orinándose en la cama
habla de suicidio
habla de escaparse de la casa
La depresión también afecta a los bebés
Con niños de hasta tres años, las señales para preocuparse empiezan cuando esos niños parecen tristes o decaídos aun cuando se les están consolando. Pueden, incluso, que se peguen desesperadamente a quien se ocupa de ellos o que dejen de comunicarse.

La depresión en esos niños está casi siempre conectada con el cambio o pérdida de la persona responsable de su cuidado, o cuando quien les cuida no es capaz de responder a sus necesidades.
La depresión en los bebés se ve reflejada en su estado anímico; lo que no quiere decir que el bebé llora porque está triste, sino que da la impresión de que está apático y sin ninguna iniciativa.

En cuanto a las señales que manifiesta el bebé, está el hecho que no rechace los brazos de un desconocido, significa que algo pasa ya que lo normal es que el bebé tenga angustia por la separación de su madre y se ponga a llorar. Otra señal se muestra cuando el niño no siente deseos de llamar la atención, ya que a esta edad lo normal es que el bebé quiera atraer la atención de las personas que lo rodean.

Las consecuencias que puede tener la presencia de un cuadro depresivo en el bebé son varias. Puede producir cierto retraso en el desarrollo como el inicio de la marcha más tarde de lo normal, el inicio del habla, tener problemas de sueño, somatizaciones frecuentes, enfermedades de tipo infecto-contagioso debido a una disminución de las defensas biológicas que permanecen más allá de todo cuidado, alteraciones en la alimentación que mantienen al bebé en un estado de decaimiento.

Qué se puede hacer en esos casos
No ignore los síntomas de depresión
Dé mas atención de lo normal a su hijo. Juegue con él y así le será más fácil hablar sobre sus problemas. Lea libros infantiles con temas relacionados, dibuje, pinte, construya un puzzle con su hijo. Debe dedicarle un momento especial y único y así, crear un ambiente más cercano y de confianza.

Hágale preguntas y esté atento a las pistas
Un niño en edad de escolarización primaria puede llegar a decir “soy tonto”. No se trata simplemente de apoyarlos diciéndoles que no lo son, pregúnteles sobre el porqué piensa que es así, si pasó algo en la escuela, etc. El niño podrá contestar diciendo que todo es una porquería. Y entonces pregúntele qué es lo que le parece malo. Lo importante es indagar sobre lo que piensa el niño. El niño necesita de atención, del interés por su parte.

Establezca y mantenga las rutinas
El niño necesita sentirse arropado por una disciplina. Se sienten colaboradores y partícipes cuando se establece un horario para cada actividad. Los “limites” los piden él. Por ejemplo: no existe nada más cálido y lleno de afecto como leer un cuento antes de dormir, y ser bien arropado en su camita. De esta forma estarás diciendo al niño que los problemas no son culpa de ellos. Que todo continua como antes y que él es importante para ti.

Esté atento por si el niño tiene estrés
Es necesario reevaluar el calendario diario de actividades del niño. Pregúntese si tu hijo no está haciendo demasiadas cosas. Si no le estás sobrecargando de actividades. Puede que el niño se siente cansado y estresado.

Tranquilice a su niño
Nada mejor que mimarlos y a la vez averiguar sobre su rutina. Estar pendiente sobre el tipo de comida que más le gusta, si duerme toda la noche, si necesita de nuevas actividades y rutinas.

Busque tratamiento médico en el caso de que su hijo empiece a aislarse, comportarse mal, o a hacer comentarios negativos sobre él mismo. Tendrás que confiar en su instinto. Si ves que su niño ha sobrepasado el límite de la normalidad, busque ayuda y apoyo medico. El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión son esenciales para los niños deprimidos. Comente el caso con el pediatra.
.Marcela.-Angeles de Luz
Publicado por Estrella Ana Maria en 22:01
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Depresion Infantil: Niños De Mirada Triste.-

Hay días en que los niños lloran continuamente, se enojan con frecuencia, no quieren jugar con sus amigos o se desconcentran a la hora de estudiar. Muy pocos padres se preocupan porque saben que puede deberse a un simple resfrío que se está incubando, o al cansancio de un día muy agitado.

Sin embargo, cuando estos estados de ánimo se perpetúan más allá de un par de semanas y se unen a otros síntomas como la disminución de la vitalidad y alteraciones en el sueño y la alimentación, puede tratarse de una enfermedad: la depresión infantil.

Si bien su origen puede obedecer a múltiples factores, lo que no varía
-según explica la psiquiatra infantil Constanza Recart- es que se trata de niños que lo están pasando muy mal, porque tienen una pena o dolor tan grande, que inhibe su desarrollo y altera alguna de las áreas de su conducta habitual, sea social o familiar.

Por esto, una de las señales que no se puede manipular es la mirada. Es una mirada que transmite esa tristeza. Por su parte, la sicóloga Claudia Cambiaso explica que los síntomas van variando dependiendo de la etapa de desarrollo. En los lactantes y hasta los tres años, se producen trastornos en los ritmos básicos, es decir la alimentación y el sueño que pueden aumentar o disminuir.

También se observa apagamiento del pequeño y evitación de la mirada, junto a una mayor irritabilidad y agresividad. Cuando ya se encuentra en etapa escolar, se agregan otros cambios como el aislamiento, no juega con sus pares; disminución de la concentración y rendimiento; baja autoestima, aparición de enuresis (hacerse pipí) y conductas fóbicas como no querer salir de la casa o no soportar despegarse de la mamá.

Pérdida o abandono

La aparición de la depresión puede obedecer tanto a factores individuales como sociales. Vivimos un tipo de vida que facilita el desencadenamiento de esta enfermedad. Colegios cada vez más competitivos y exigentes. Familias menos extensas con ambos padres trabajando fuera, debilitándose los vínculos afectivos y la comunicación. Mayor individualismo que se traduce en falta de grupos o redes de apoyo.

Esto no significa que todos los niños se enfermen de depresión. Son factores de riesgo que aumentan sus probabilidades, pero no la determinan. La depresión de uno de los padres o familiar directo eleva las posibilidades de sufrirla, puesto que el menor está inserto en un sistema que tiende a ella.

También la falta de contacto afectivo, que se puede traducir en sensación de abandono y baja autoestima ya que el niño siente que no es digno de cariño. Tanto en adultos como en niños, generalmente está asociada a pérdidas o abandonos. La muerte o alejamiento de una persona significativa, como el abuelo, hermano o su mascota, así como la separación de los padres, pueden detonar este trastorno. Los cambios de ciudad, colegio o casa también representan pérdidas. A juicio de la sicóloga Cambiaso, poder deprimirse como un proceso donde se elaboran las pérdidas es un logro, pues éstas deben ser experimentadas por el niño. Si a un menor se le muere su abuelo del que era muy regalón, sería preocupante que no manifestara su tristeza. Es lo que se llama depresión adaptativa.

Aquí la actitud de los padres es clave para que el niño pueda superar su condición. Si lo acogen, comprenden y empatizan con su dolor y pérdida, no será necesario recurrir a una psicoterapia. Por el contrario, si lo critican, ridiculizan o castigan, la enfermedad se agudizará.

En general los niños depresivos suelen ser detallistas, perfeccionistas y exigentes. Esto los lleva a agotarse y frustrarse más, lo que unido a otros factores puede detonar una depresión. Existe también la depresión mayor o severa en la cual los niños muestran prácticamente todos los síntomas y no pueden ser modificados fácilmente. En general son patologías que se arrastran por bastante tiempo y el tratamiento incluye psicofármacos, además de la terapiaindividual y familiar.

Cuando el niño está muy deprimido, los remedios son fundamentales porque levantan el ánimo, bajan el nivel de angustia, comienzan a tener una perspectiva más positiva de sí mismos y de su entorno.

En opinión de la psiquiatra Recart, la recuperación de esta patología es completa. Sin embargo, aumenta el riesgo de reincidencia debido a una forma adaptativa de reaccionar frente a situaciones adversas que ya está incorporada en la biografía del niño. Lo que no quiere decir que será depresivo toda la vida.

Algunos autores afirman que no hay continuidad entre la patología infantil y la adulta.

Cariño protector

La depresión no aparece porque sí, sino que se inserta en una red de relaciones que la hacen posible. Si se abarca esta red y se realizan transformaciones puede mejorarse. La sicóloga Cambiaso recomienda a los padres y profesores bajar el nivel de exigencia y aumentar los refuerzos positivos, porque el menor requiere otro tipo de contacto, más acogedor y amoroso. Realizar actividades recreativas es una buena idea para incentivar el contacto afectivo. A veces sólo basta estar presente en sus juegos o deportes.

También es muy importante expresar abiertamente el cariño, decir y demostrarles lo mucho que se los quiere y lo importantes que son.

Aunque es difícil hablar de prevención en una enfermedad tan compleja, sí hay elementos que protegen frente a situaciones adversas. Una buena armonía familiar, un clima positivo de confianza y acogimiento que estimule la comunicación, son elementos que facilitan la resolución exitosa de conflictos a todos sus miembros. Y lo más importante, que los padres estén atentos a las distintas señales que envíe el niño. Ellos son el factor más relevante en el tratamiento de la depresión infantil, y si buscan ayuda van a poder desarrollar las herramientas que necesitan para sacar de este estado anímico a su hijo.

Factores de riesgo

- Pérdidas o abandonos.
- Altas exigencias tanto familiares como sociales.
- Falta de contacto afectivo.
- Depresión de uno de los padres o familiar directo.
- Falta de redes sociales o grupos de apoyo.

Factores protectores

- Niveles de exigencia adecuados a cada niño.
- Aumentar lo lúdico.
- Buena comunicación.
- Aumentar los refuerzos positivos.
- Tener expresiones abiertas de cariño.
- Que los padres muestren sus emociones y dificultades cotidianas.
- Buena armonía familiar.

Síntomas por edad

0 a 3 años
- Trastornos de los ritmos básicos (alimentación y sueño)
- Apagamiento
- Evitación de la mirada
- Irritabilidad y agresividad

Etapa escolar

- Infelicidad prolongada
- Aislamiento, no juega
- Baja autoestima
- Enuresis (hacerse pipí)
- Irritabilidad
- Conductas fóbicas
- Baja concentración y rendimiento

Los más afectados

Principalmente se presenta en la adolescencia, entre los 12 y 18 años. Durante esta etapa, el joven busca consolidar su identidad y, al mismo tiempo, debe armonizar estas demandas personales con las sociales. Es un período de bastante cambio y crisis en el que no siempre cuentan con apoyo o sustento.
Se da por igual en ambos sexos. A partir de la adolescencia y en la adultez, es más frecuente en las mujeres.-
Marcela.-Angeles de Luz

Publicado por Estrella Ana Maria en 21:58
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lunes, 3 de octubre de 2011

ENTRAR EN RESONANCIA .-Isolina Romero.-

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El genoma humano contiene una cantidad aproximada de 50.000 genes, que son las unidades básicas de herencia que determinan el desarrollo biológico y las características de un organismo. Algunos de ellos son pasivos, otros dominantes, otros son activos y otros son recesivos. Existe también otra clase de ADN, éste es el ácido desoxirribonucleico mitocondrial o ADNm, que contiene la información sobre la síntesis directa de las proteínas. Este ADNm se aloja en las mitocondrias. Y es ahí precisamente en donde los niños Índigo han presentado importantes cambios en el comportamiento celular. La Mitocondria, diminuta estructura celular de doble membrana, es responsable de la conversión de nutrientes en el compuesto rico en energía trifosfato de adenosina (ATP), que actúa como combustible celular. Por esta función que desempeñan, llamada respiración, se dice que las mitocondrias son el motor de la célula.

La genética en los niños Índigo ha cambiado respecto a la genética de los demás seres humanos. En ellos, los genes de algunos neurotransmisores especiales producen la activación de mayores zonas del sistema nervioso central. Al existir mayores zonas activas se produce la magia: el “modem de comunicación” se reactiva.

Pero esto no quiere decir que si un niño enferma no es Índigo; todas las enfermedades tienen un origen mental, y la salud física del ser humano tiene una relación directa con su salud mental. Si una persona tiene problemas relacionados con su energía álmica, tarde o temprano manifestará una enfermedad de la índole que ésta sea. Lo anterior incluye a los niños Índigo. Es por eso que debemos apoyar mucho a los padres de niños Índigo, sobre todo enseñándoles a no enfermar a sus hijos con sus propios miedos, con sus propios errores, que casi siempre manifiestan en los niños como si éstos fuesen un espejo.

Los niños Índigo están aquí para cambiar los antiguos conceptos religiosos. A partir de su llegada debemos empezar a pensar en que no son necesarios para nadie el sufrimiento, la enfermedad y la muerte. Ya no es necesario el karma, ni pagar con sufrimiento nuestros errores cometidos en el pasado. La energía Índigo, con su capacidad sanadora, ha llegado para ayudarnos a sanar a todos. Si nuestra corriente de pensamiento entra en resonancia con lo anterior, entrará también en resonancia con la frecuencia Índigo, y aunque no se haya nacido con características Índigo, es completamente posible que nuestra frecuencia vibracional y nuestro ADN cambien, sobre todo si tenemos oportunidad de cambiar nuestra alimentación, nuestra forma de pensamiento, haciéndola menos lineal y más multidimensional y de tomar las terapias alternativas adecuadas.

Acaso cabe recalcar que no son seres primitivos y que son sanadores natos: si algo le duele a alguien, ellos serán los primeros en poner sus manos sobre el área dolorida, porque intuyen o saben que son transmisores de la salud y se preocupan por regalarla a través de sus manos o de sus palabras.

Algunas personas comentan que los niños Índigo son de uno u otro tipo y los clasifican como artistas o matemáticos, otros dicen que hay maestros Índigo o Índigo comunes, Índigo más Índigo o Índigo menos Índigo. Todo lo anterior se llama clasificación y reitero el comentario porque es muy importante que la gente sepa que la frecuencia Índigo no es clasificable. Mi experiencia me indica que no hay un rango exacto, no existe un instrumento medidor de las maestrías, posibilidades y talentos de cada uno, tampoco podemos saber cuánto tiempo llevan reencarnando o si llegaron aquí siendo maestros. Por eso prefiero permitirme amplitud en el criterio y evitar catalogarlos. Sigo considerando que si los niños Índigo han llegado a la Tierra a romper con las estructuras, las normas y las clasificaciones, lo menos que podemos hacer es dejar de clasificarlos.

Por ejemplo, respecto a los niños orientales, si nos basamos dentro de un marco absoluto en la teoría que habla acerca de los rasgos físicos de los niños Índigo, estaríamos discriminando a millones de seres. No podemos crear bandos y convertir la energía Índigo en otra religión más (que no lo es). Como tampoco estoy ni estaré de acuerdo en esa “separatividad” creada por los que dicen que saben cómo es físicamente un niño Índigo o peor aún, por aquellos que los clasifican entre “Índigo maestros o Índigo comunes”.

Unificar directrices, pensamientos y obras es lo único que nos queda por hacer. Y por supuesto, evitar a toda costa dejarnos llevar por todos los que empiezan ya a manipular alrededor de la energía Índigo (como hicieron con la energía violeta). Hablo de todo esto, porque siento que podría estar sucediendo algo similar con el tema Índigo y nosotros, junto con muchos otros que están también conscientes de la importancia de no mitificar y de evitar “jerarquizar” a los niños Índigo, podemos evitar que suceda.

Tenemos en común la fuerza, la energía, el coraje y la conciencia de saber que está en nuestras manos el futuro de nuestros niños.Gracias ISSA:_Gracias Angeles de Luz

Publicado por Estrella Ana Maria en 14:59
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sábado, 1 de octubre de 2011

LAS DOS GENERACIONES Natalio Domínguez Rivera.-



Nos corresponde ser una generosa generación de transición.

Estamos entrando en una encrucijada histórica, quizá la más trascendente en la historia del hombre. Nos referimos a los niños “extraños” que están apareciendo en todas las familias y que pueden entrar en la denominación de genios o excepcionales, y que al parecer ya sobrepasan el ochenta por ciento en estas tres últimas generaciones. ¿Qué pasa? ¿Cuál es el problema?

Por una incongruencia inexplicable, nuestros modos educativos los están frenando.

Hasta hace muy poco tiempo, casi nadie se interesaba por perfeccionar la mente del humano, creyendo, sin duda, que la evolución había terminado, que no podíamos ser más inteligentes de lo que somos.

Nada más falso. Según los biopsicólogos (Universidad de Princeton), es muy raro el humano que haya llegado a usar en su vida el dos por ciento de su inteligencia potencial. O sea que el noventa y ocho por ciento de la corteza cerebral de esos privilegiados que usan el máximo porcentaje, va casi íntegra al cementerio, a servir de abono para unas hierbecitas mustias. Demasiada masa encefálica para los “gorilas ilustrados” que todavía nos envidiamos, hacemos guerras a muerte, que todavía tenemos ejércitos y fronteras, sobre una bailarina pelota de golf.

Pero la redención de esta generación y la solución a la crisis mundial no está en manos de los adultos de hoy, contagiados del virus de una sociedad cuyos valores prevalecientes y casi únicos son el poder y el dinero.

Es necesario mirar hacia el humano que en estos momentos se está iniciando en el milagro de la vida, hacia el prenatal y la primera infancia, hacia los que vienen con una mente fresca, limpia, sin rutinas y sin imposiciones, los que todavía no son tribales ni están masificados.

Lo mismo que la técnica se nos ha disparado hacia el infinito, acelerando nuestra comprensión de lo concreto y solucionando los problemas anecdóticos de nuestra vida, de la misma forma la educación o formación integral del humano, puede, en pocas generaciones, dispararse hacia el pensamiento abstracto, que es el propio y específico del ser humano.

Y esto lo va a hacer el niño que todavía es una esperanza, si los técnicos habilitan a los padres y maestros para que faciliten en sus hijos y alumnos la aparición de ese ser humano consciente, responsable y amoroso. Y esto sucederá cuando, iniciados desde el prenatal hasta la universidad y más allá, intenten una sociedad nueva en la que haya valores que se salven, los pocos que valgan la pena, y aparezca, sin revoluciones retóricas ni cataclismos, la nueva generación de humanos que se comporten como humanos, que no se avergüencen de hablar de amor, de cortesía, de convivencia, de limpieza mental, de fidelidad.

Estamos intentando, en los cursos y talleres de Creática, conseguir unos niños más “hominizados” como especie, más humanos como individuos, más alejados, desde el principio de su vida de otros mamíferos “inferiores”.

Estamos convencidos de que la deshumanización o “deshominización” consiguiente de nuestra sociedad, su complicación y artificialidad, tienen sus inicios y fundamentos en los primeros escarceos académicos y educacionales del ser humano: la etapa preescolar. Ahí es, precisamente, donde empieza a torcerse el arbusto, si recibe influencias nocivas, o no se activa y se templa su personalidad.

Por eso damos tanta importancia en Creática al programa Genios del Futuro, como el pilar y cimiento de la educación, ya que para nosotros inteligencia no es sólo el pensamiento, sino la vida, que se compone de ideas (razonamiento y relaciones mentales), conductas (socialidad, convivencia, hermandad universal) y valores (trascendencia, espiritualidad).

La Forma o Programa Genios del Futuro comprende el Prenatal, los Neonatal I y II, Maternal, Párvulos y Preparatorio. Todo ello desde los 0 hasta los 7 años de edad cronológica. Si esta etapa está bien cimentada, no hay peligro de que el arbusto deforme su verticalidad.

Hay que invitar al niño a esta edad, es más, hay que retarlo a que descubra la cantidad y la calidad de su herencia biopsíquica, con el acento en su inteligencia, en el razonamiento abstracto y aplicado a la vida.

Tenemos que adelantarnos, para evitar que nos los llenen, ya desde el principio, de tópicos, de eslóganes, de dogmas sociales intrascendentes y de artificio, que contaminen sus mentes y su personalidad plagándolas de inseguridad y de obligaciones enojosas, en cuya formulación ellos no han intervenido.

Los incitamos, ya a esta edad, a que exhiban su pensamiento propio y original, y a que las verdades o errores en que caigan, sean “sus” errores y “sus” verdades, siempre con una absoluta libertad de retractación y de cambio, no por miedos irracionales, sino por valentía, honestidad y amor a la “verdad verdadera ” .

Tenemos que preparar al niño del siglo XXI, no tanto para que se acomode a una realidad heredada, y como toda realidad, mutante, sujeta a los ciencidogmas de Niels Bohr o de Albert Einstein, cuanto a que esté abierto a un continuo nuevo modo de concebir la existencia, que los adultos de hoy es difícil que lleguemos a comprender.

Más que para la información debemos prepararlos para la informática; más que para el servicio del hombre al hombre, para la robótica; más que para la electricidad, para la electrónica y la biónica; más que para la verdad única, que estén preparados para la alternancia y la reconsideración.

Más que llenarlos, debemos hacer más grande su vacío interior, su espacio ideativo, para que puedan ver y comprender los cambios esenciales que están ya a la puerta y acomodarse a ellos con sentido de pertenencia.

No debemos tratar de hacerlos iguales a nosotros –como podría perdonarse a nuestros padres y abuelos–, que nos repitan, que sean nuestros clones, porque por muchas y muy válidas razones nos sospechamos inacabados, sino precisamente para que algún día puedan compadecernos con ternura y madurez por nuestro inmenso atraso evolutivo.

Nos corresponde ser una generosa generación de transición a unos nuevos modos, tan distintos de los nuestros, como la espada de Julio César y un moderno rifle láser. No intentemos retrasar la inevitable evolución de su inteligencia.Gracias Issa

Publicado por Estrella Ana Maria en 13:52
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27-3-2011.-

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Enfant ... fillette
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Blanc ... chiots  tendresse

HONRAR LA VIDA



No, permanecer y transcurrir no es perdurar,
no es existir, ni honrar la vida.
Hay tantas maneras de no ser,
tanta conciencia, sin saber, adormecida.
Merecer la vida no es callar y consentir
tantas injusticias repetidas.
Es una virtud, es dignidad,
y es la actitud de identidad más definida.
Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir honrar la vida
No, permanecer y transcurrir no siempre
quiere sugerir honrar la vida.
Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad enceguecida...
Merecer la vida
es erguirse vertical más allá del mal de las caídas.
Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad la bienvenida.

Merecer la vida no es callar y consentir
tantas injusticias repetidas.

Es una virtud, es dignidad,
y es la actitud de identidad más definida.
Eso de durar y transcurrir no nos da derecho a presumir
porque no es lo mismo que vivir honrar la vida

No, permanecer y transcurrir no siempre
quiere sugerir honrar la vida.

Hay tanta pequeña vanidad
en nuestra tonta humanidad enceguecida...

Merecer la vida
es erguirse vertical más allá del mal de las caídas.

Es igual que darle a la verdad
y a nuestra propia libertad la bienvenida.

ELADIA BLAZQUEZ
Blanc ...  nounours  Tendresse  pour Vous  ;-))
Terra ... pour la Paix ..
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